La logística es clave en la catedral ideada por Gaudí para Barcelona con piedras venidas de varios países y una construcción singular
Si una catedral debe ser eterna, también lo puede ser el hecho de levantarla. Y qué ejemplo más contemporáneo que el de la Sagrada Familia de Antoni Gaudí. En marzo del año pasado, se cumplieron 140 años desde que se plantó la primera piedra, a finales del siglo XIX, y la historia promete alargarse después de que la pandemia echara al traste con las previsiones de terminar la obra en 2026. Inmersa actualmente en la elaboración de su pináculo de torres central, que deben ser el techo de Barcelona, la construcción de este edificio único ha enfrentado múltiples complejidades en cuanto a su elaboración, que durante siglo y medio ha tenido que evolucionar. Lejos quedan los tiempos del maestro arquitecto, en que el trabajo se hacía a pie de obra con la piedra local de Barcelona. Hoy día, la Sagrada Familia se construye como un rascacielos moderno, con una infraestructura de edificación deslocalizada, y con una multiplicidad de piedras que proceden de todo el mundo. Y, claro está, todo ello requiere de una logística que no es baladí.
En el presente, 2025-2026 es un plazo que se maneja en las oficinas de la Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família, pero no para culminar el edificio. Las obras se centran en completar lo que se denomina el cimborrio central, una majestuosa corona de seis torres dedicadas a los cuatro evangelistas de la Biblia, a la Virgen y a Jesucristo, la de este último proyectada para medir 172,5 metros de altura y constituir un nuevo punto de fuga en el skyline barcelonés. Tres están erigidas -la Virgen, Lucas y Marcos, finalizadas en noviembre de 2022-, y la otra mitad, en elaboración. Y al ritmo de la obra, el departamento de producción de la Junta trabaja para asegurar una cadena logística que empieza por la extracción de “la piel” de las torres, la piedra, y termina con la colocación de los niveles de cada torre en la isla de casas del Eixample más visitada de Barcelona.
“No hemos encontrado una piedra como la de Montjuïc en ningún otro sitio”
Carles Farràs Jefe de Producción, Edificación y Tecnología de la Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família
Ese primer paso no es poca cosa. La dificultad, en gran medida, radica en un obstáculo histórico: Antoni Gaudí, que se incorpora a la construcción del templo en 1883, empezó a utilizar desde los mismos pilares de la cripta piedras procedentes de las canteras barcelonesas de Montjuïc, una tipología que usaría también para el recubrimiento de la única fachada cuya construcción llegó a dirigir, la del Nacimiento, y que proyectaría para el resto de su obra. Pero esa piedra, cuyo uso se rastrea hasta los primeros asentamientos íberos en la zona, no era inagotable, y sus canteras cerraron a mediados del siglo XX. Aunque algunos remanentes siguen existiendo, en parte gracias a derribos de edificios barceloneses construidos con el mismo material, nunca serían suficientes para cubrir la catedral entera. Ante tal tesitura, no ha quedado otra alternativa que buscar sustitutas.
“Hemos tenido que ir buscando distintos tipos de piedra alrededor del mundo, porque una de las cualidades de la piedra de Montjuïc es que tiene una gama cromática muy variable. No es monocolor, tiene muchas tonalidades” explica el jefe de Producción, Edificación y Tecnología de la Junta Constructora, Carles Farràs, que lleva casi 30 años supervisando la fase logística. Esa variedad en una sola piedra “no la hemos encontrado en ningún sitio” del mundo, añade el responsable técnico, razón por la cual hace años se tomó la decisión de generar el mismo efecto con la conjunción de varios tipos de piedra. Eso ha significado “una búsqueda constante”, que se intensificó en la primera mitad de la década de 2010, coincidiendo con el inicio de construcción del cimborrio central, que , por sus dimensiones, requiere de una gran cantidad de paneles que reproduzcan el efecto de Montjuïc.
El resultado de la búsqueda arrojó una primera selección de unas 30 piedras de todo el mundo, que luego quedaron en los siete u ocho tipos que actualmente se utilizan en las torres. De estas, las procedencias son variadas, aunque destacan las que provienen de Inglaterra -el beige inglés-, de Escocia -Clashach-, de Francia -el Blavozy-, o de canteras españolas en Galicia o Cantabria. Además, también se tienen en stock piedras procedentes de Alemania que aún no se han usado, y es que las circunstancias de los suministros no son invariables: “A veces las canteras son pequeñas y se agotan, a veces cambian de propietarios, o se les acaba la licencia administrativa para seguir extrayendo”, aclara Farràs, por lo que hay cambios constantes de procedencia. Y a ello hay que sumarle otras tipologías de piedra utilizadas en otros aspectos que no sustituyen a la de Montjuïc. El responsable de producción calcula que en el total histórico de tipos de piedra, la Sagrada Familia debe de contener entre 50 y 60 tipos, con unos 40 actualmente en stock en el almacén de la obra.
40 tipos de piedra
El almacén de piedras de la Sagrada Familia contiene actualmente unas 40 tipologías distintas
Este hecho por sí solo activa una primera fase logística que consiste en la llegada de las piedras a Catalunya. La previsión se hace a un año vista, para asegurar todos los pasos intermedios hasta que la piedra se encaje en la catedral. En la mayoría de los casos, la materia llega por carretera en camiones de lona, pero la voluntad estética ha llevado a los buscadores de piedra hasta localizaciones más remotas, desde donde debe viajar por mar. En concreto, se trata de dos elementos, el pórfido rojo de Irán y el azul de Bahía (Brasil)…
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Fuente: https://elmercantil.com

